La basura, un vecino más

Residentes de la calle Zapatería y del cantón de San Roque claman contra los desperdicios que se acumulan continuamente en el cruce de ambas vías

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Las bolsas de desperdicios se amontonan a diario en el cantón de San Roque

VITORIA. Jon Ander Otaduy

Tras levantarse de la cama con el sonido del despertador, prepararse y salir del portal por la mañana para encarar un nuevo día, muchos vecinos de la calle Zapatería y del cantón de San Roque no tienen más remedio que atravesar una zona repleta de bolsas de basura y demás desperdicios -con el correspondiente ejercicio de aguantar la respiración- a los pocos minutos de haber desayunado. Una rutina de la que están hartos.

Según ha podido saber EL CORREO por varios residentes de la zona, hace más de medio año que algunas personas depositan sus residuos en la confluencia de ambas vías, de tal forma que quedan a la vista de todo aquel que transite por ellas, incluidos los turistas que visitan el Casco Medieval de la capital alavesa. «La gente que viene de vacaciones a Vitoria y pasea por aquí se encuentra un montón de porquería en plena calle. ¿Qué impresión se van a llevar de la ciudad “green”?», critica el dueño de un inmueble cercano.

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Profesores y alumnos al mismo tiempo

El programa municipal “Trueque de idiomas” conecta hablantes locales y foráneos para que practiquen juntos

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Nzisabira y María Eugenia López, durante una clase. Igor Aizpuru.

VITORIA. Jon Ander Otaduy.

Existen muchas alternativas para aprender un idioma hoy en día: academias, tutores personales, cursos, clases a través de internet, etc. La gran mayoría de ellas están encaminadas a mejorar las distintas lenguas con un objetivo concreto a corto o medio plazo como, por ejemplo, conseguir sacarse ese dichoso título de EGA que tantas puertas puede abrir a la hora de buscar trabajo en el País Vasco. O también alguno de los prestigiosos certificados oficiales de Cambridge, básicos si lo que se persigue es buscarse la vida en el exterior.

Sin embargo, el centro municipal Norabide ofrece otra opción, el “Trueque de idiomas”, un programa de intercambio que permite a los participantes practicar una lengua con una persona que la domina a cambio de enseñar la propia, pero de una forma mucho menos restrictiva y pesada que en un centro especializado. «La idea no es ninguna novedad, pero nosotros la hemos personalizado. Buscamos que la gente intercambie de forma igualitaria y con total libertad el saber propio en su idioma, además de poner en contacto a personas que, de otra manera, no se hubieran conocido tan fácilmente», indica Silvia, una de las organizadoras del proyecto.

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