La basura, un vecino más

Residentes de la calle Zapatería y del cantón de San Roque claman contra los desperdicios que se acumulan continuamente en el cruce de ambas vías

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Las bolsas de desperdicios se amontonan a diario en el cantón de San Roque

VITORIA. Jon Ander Otaduy

Tras levantarse de la cama con el sonido del despertador, prepararse y salir del portal por la mañana para encarar un nuevo día, muchos vecinos de la calle Zapatería y del cantón de San Roque no tienen más remedio que atravesar una zona repleta de bolsas de basura y demás desperdicios -con el correspondiente ejercicio de aguantar la respiración- a los pocos minutos de haber desayunado. Una rutina de la que están hartos.

Según ha podido saber EL CORREO por varios residentes de la zona, hace más de medio año que algunas personas depositan sus residuos en la confluencia de ambas vías, de tal forma que quedan a la vista de todo aquel que transite por ellas, incluidos los turistas que visitan el Casco Medieval de la capital alavesa. «La gente que viene de vacaciones a Vitoria y pasea por aquí se encuentra un montón de porquería en plena calle. ¿Qué impresión se van a llevar de la ciudad “green”?», critica el dueño de un inmueble cercano.

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Nervios y ansiedad en el campus de Álava

Un grupo de alumnos, en plena selectividad en el campus de Álava.
Un grupo de alumnos, en plena selectividad.

VITORIA. Jon Ander Otaduy

Pocas veces puede verse un alumnado tan espabilado a las 8.30 horas de la mañana como el que inundó 6, 7 y 8 de junio el campus de Álava, y es que la ocasión lo merecía. Nada menos que 1.249 jóvenes se enfrentaron a la primera tanda de exámenes de la temida Selectividad, -lengua castellana y literatura y filosofía o historia-, una prueba clave para sus futuros estudios, especialmente si desean cursar grados que exigen una alta nota de corte.

Este era el caso de Cayo, de Egibide-Jesús Obrero, y María, de la ikastola Ikasbidea, quienes admitieron sentirse muy presionados ante la cita. «Quiero hacer Medicina y me piden un 11,9 sobre 14», se quejaba el primero en las puertas del aulario de las Nieves. Ella, sin embargo, apenas tenía tiempo para hablar mientras subía las escaleras del edificio a caballo entre la prisa y los nervios. En el otro extremo se situaba Clara, del instituto Ramiro de Maeztu, quien confesó a este periódico que no precisaba de una gran nota para seguir adelante con sus planes. «Vengo muy tranquila porque ya tengo plaza en Madrid para estudiar diseño, así que con aprobar me vale».

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Poesía en blanco y negro

El movimiento “Acción poética” ya cuenta con su primer mensaje en Vitoria tras haberse extendido por miles de paredes y muros de América Latina

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El mensaje luce ya en la confluencia de las calles Postas y Dato. Foto: Jesús Andrade.

VITORIA. Jon Ander Otaduy

Los paseantes más observadores que recorran las calles Dato y Postas ya se habrán percatado del nuevo mensaje que preside la confluencia de ambas vías. “No sabía que ponerme… y me puse feliz” es la oración con la que el fenómeno “Acción poética” aterriza en el País Vasco, y más concretamente en la capital alavesa. El viaje ha sido largo, y es que este movimiento surgió en 1996 en México, y ya está extendido a lo largo y ancho de latinoamerica.

La corriente consiste en pintar paredes y muros de color blanco con mensajes poéticos y reflexivos -nunca relacionados con política o religión- en color negro. La intervención no es algo restringido a un grupo o colectivo concreto, «cualquier persona puede sumarse siempre y cuando respete las normas», aclara Juan Luis, uno de los responsables de la primera pintada en la capital alavesa.

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Un cortometraje de alumnos del colegio San Prudencio triunfa en Madrid

El trabajo de los estudiantes de 1º C de Secundaria “Rompiendo mitos” gana la quinta edición del concurso de Manos Unidas frente a otros 750 proyectos

de la clase ganadora posan en el cine Palafox de Madrid
Alumnos de la clase ganadora posan en el cine Palafox de Madrid

VITORIA. Jon Ander Otaduy

“Rompiendo mitos”, uno de los dos cortos con los que el colegio San Prudencio representó a Álava en la quinta edición del concurso de “clipmetrajes” de la ONG Manos Unidas, resultó el flamante ganador del certamen imponiéndose nada menos que a un total de 750 obras de las diferentes comunidades autónomas de España.

Tras vencer a nivel del País Vasco, hace tan sólo tres semanas en el Centro Cultural de Otxarkoaga de Bilbao, el pasado sábado tocó madrugar para viajar al madrileño Cine Palafox, donde se celebró la gran final. Para ello, una treintena de personas -entre alumnos, profesores, padres, editores y miembros de Manos Unidas Álava- se subieron al autobús facilitado por el propio centro escolar rumbo a la capital a las 6.30 horas. «En el viaje de ida todos estábamos calladitos y muy nerviosos», confesaron Clara, Marina, Iker y Unai, cuatro de los alumnos de la clase 1º C de Educación Secundaria que no quisieron perderse el evento. Este último tuvo incluso que sacrificar su decisivo partido de liga, un esfuerzo que «ha merecido la pena».

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«La ambulancia tardó hora y cuarto en venir a recogerme del suelo»

Una mujer de 70 años denuncia la demora de los servicios sanitarios tras sufrir una aparatosa caída en la Avenida de Los Huetos

Dolores, mientras esperaba a la ambulancia.

VITORIA. Jon Ander Otaduy

El lunes 5 de mayo no es una fecha que Dolores Torre vaya a recordar como un día cualquiera de su vida, porque esta vitoriana de 70 años sufrió un auténtico calvario durante esa jornada. Todo comenzó sobre las 13.00 horas, cuando la mujer volvía de dar un paseo con su perra y, sin darse cuenta, pisó en un hoyo que permanecía oculto entre la hierba. Se fracturó un pie. Un taxi la llevó al hospital Txagorritxu, donde fue escayolada y advertida de que bajo ningún concepto podía apoyar la extremidad lesionada debido al avanzado estado de la osteoporosis que padece -un 54% de minusvalía-.

Para su sorpresa, fue trasladada a la calle donde reside, la avenida de los Huetos, también en taxi y no en ambulancia. «Los taxis te dejan en la acera y para llegar a mi portal hay que atravesar una pequeña plaza y subir un peldaño. No podía andar ni tenía muletas para intentar avanzar», lamenta la mujer, que debido a su enfermedad no tiene fuerza para sujetar su propio cuerpo. Como solución improvisada, Dolores llamó a su hija -que tiene también una minusvalía del 68%- para que la ayudara a llegar a casa. Sin embargo, a la hora de intentar subir el escalón, se quedó a medio camino y perdió el equilibrio hacia atrás, apoyando el maltrecho pie, que no aguantó el peso y cedió, por lo que cayó al asfalto de espaldas y se golpeó las cervicales.

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“Menos mal que lo perros fueron a por mí y no a por un niño”

Un adolescente de 16 años que fue atacado por una pareja de canes en el Casco Viejo asegura que se le echaron encima sin razón alguna

Eneko muestra algunas de las heridas que le causaron los mordiscos de los perros.
Eneko muestra algunas de las heridas que le causaron los mordiscos de los perros. Foto: Rafa Gutiérrez.

VITORIA. Jon Ander Otaduy

Lo que comenzó como una tarde tranquila y divertida con sus amigos para Eneko tuvo un desenlace algo más que desagradable a la hora de volver a casa por la noche. Tras abandonar un conocido local de ocio ubicado en la calle Portal del Rey, este joven de 16 años se despidió de su cuadrilla pasadas las 23.00 horas del jueves para desviarse por la calle Nueva Fuera en dirección a su domicilio. Sin embargo, al llegar al cruce con Abrevadero y sin previo aviso, dos perros que en ese momento se encontraban sueltos se abalanzaron sobre él y le provocaron diversas heridas por mordiscos en la pierna y en el antebrazo derechos.

«Yo iba andando solo y vinieron hacia mí sin hacerles nada», aseguró. Mientras era atacado, Eneko lanzó varios gritos a la persona que estaba al cuidado de los animales -un vecino del barrio al que reconoce de vista-, quien, a pesar de la gravedad de la situación, se acercaba lentamente. «Veía que los perros me estaban mordiendo y aun así bajaba despacio». Ante la parsimonia del hombre, el joven le exigió que se diera prisa bruscamente y utilizando alguna descalificación, a lo que éste respondió con un avance aún más pausado. «Se lo pedí de malas maneras pero es que estaba asustado y alterado», explica la víctima del ataque.

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