Los alaveses también queman rueda

El piloto vitoriano Asier González-Urria representará al País Vasco en el “Open Slalom Drift”, un campeonato automovilístico en auge

Asier González-Urria posa junto a su BMW M3 modificado para competiciones de ‘drift.
VITORIA. Jon Ander Otaduy.

Con la excepción de aquellos que hayan vivido en Japón y de los apasionados de películas como “A todo gas”, es lógico no estar familiarizado con el término “drift”. El origen de esta palabra se remonta al país asiático y a la década de los 70, cuando esta forma de conducción fue creada por corredores que bajaban por carreteras de montaña a alta velocidad con el derrapaje como técnica.

Hoy dicho estilo de pilotaje está adaptado a circuitos y son muchas las competiciones existentes, especialmente en Japón y Estados Unidos, aunque el fenómeno cada vez tiene más presencia en España. «Se podría decir que para nosotros el “drift” acaba de nacer, pero creo que tendrá un gran crecimiento, igual que ha ocurrido en el extranjero», aventura Asier González-Urria, un apasionado del derrapaje desde 2006.

«Esta modalidad tiene éxito porque es muy espectacular y los pilotos son accesibles. Si nos preguntan respondemos, no hay secretismo». Este alavés de 27 años heredó de su abuelo y de su padre el interés por los coches y las carreras, a las que acudía regularmente con su progenitor. «Lo que más me gustaba ver eran los “car-cross” -vehículos adaptados para derrapar-», recuerda.

Una vez aprendida la técnica, el vitoriano disfrutaba tanto que le entró el gusanillo de la competición, un sueño casi inviable por motivos económicos. «Siempre me he buscado la vida porque nunca he tenido un duro», admite. Aunque empezó con una montura buena para esta modalidad (Nissan 200sx), decidió bajar un peldaño y comenzar desde la base con un Volvo 360 al que poco a poco le sacó la quintaesencia en lo deportivo y también en lo mecánico.

Con este bólido de 115 caballos, una potencia muy inferior a la del resto de participantes, acudió a su primera competición -una prueba del campeonato de Europa que se celebró en el circuito aragonés de Alcañiz en 2011- y donde consiguió batir a un francés que pilotaba un Ford Sierra Cosworth… de 500 caballos. «Después de esta victoria tenía la moral por las nubes, pero se me bajó rápido al darme cuenta de que seguía sin dinero para competir en serio».

Por suerte para este joven, el “drift” es una modalidad en la que la importancia de la técnica del piloto es muy superior a la del dinero invertido en la máquina. «Aquí no gana el que llega antes a la meta. Consiste en enlazar una serie de curvas derrapando constantemente y pasando lo más rápido, cerca y de lado posible de unos puntos determinados», describe.

Tal vez no pueda competir con la cartera de sus rivales, pero estudió automoción en Vitoria, mecánica de competición en Barcelona e hizo prácticas en Birmingham (Inglaterra), «así que aprendí a construirme mis propias soluciones». Su actual coche, un BMW M3 de 321 caballos está plagado de piezas de fabricación propia cuyo origen suelen ser los desguaces.

Objetivos ambiciosos
El joven vitoriano mira ahora hacia el “Open Slalom Drift”, un certamen nacional federado que consta de seis carreras a desarrollarse en algunos de los más prestigiosos circuitos del país (Jarama, Los Arcos, Cheste) y a los que acudirá como único piloto vasco. «El objetivo principal es conseguir terminar el campeonato para tener regularidad en la tabla. Si lo consigo espero hacerlo entre los diez primeros con un “top 5” en alguna carrera… ¡y un podio si puedo!».

Los pilotos disputarán tandas eliminatorias y después competirán entre sí -derrapan ambos al mismo tiempo y a escasos centímetros el uno del otro- emparejándose el primero contra el último y así sucesivamente hasta la gran final. «Vuelvo a estar a la cola del pelotón, pero lo compensaré con un poco de locura».

A pesar de haberse buscado siempre la vida, Asier agradece profundamente el apoyo de sus padres y sus espónsores, sin los cuales todo lo conseguido no hubiera sido posible. Terminada la competición el vitoriano tendrá que vender su coche para devolver el dinero, a no ser que consiga más patrocinadores. «No puedo gastar más dinero de lo que vale el coche. Tiramos de piezas de segunda mano, nos alojamos en una furgoneta y comemos de camping gas cuando competimos. Es mi filosofía, mínimo gasto, máximo disfrute».

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